EL PAPEL DE “LOS MURCIANOS” EN EL ORIGEN DEL MOVIMIENTO LIBERTARIO
Hacia 1870 la organización de la Internacional en Barcelona estaba controlada por el nuevo movimiento anarquista. Sin embargo el número de anarquistas en las distintas secciones era muy pequeño. De hecho muchas de las figuras destacadas del movimiento obrero de Barcelona eran sindicalistas cercanos al pragmatismo, cuyos ideales parecían, en el mejor de los casos, de muy poca profundidad. Estas dos tendencias mantenían una relación incómoda que desembocará en numerosas rupturas y reconciliaciones.
Por suerte los anarquistas no depositaron toda su confianza en la alianza con ellos, lo que les hubiese llevado a perder toda influencia, abandonando la lucha sindical hacia el reformismo de tipo francés. Un acontecimiento resultó crucial para proporcionar al anarquismo catalán la importante base social que necesitaba para imponer sus tesis: las gentes campesinas y jornaleras que confluían en Barcelona en busca de trabajo. Cada año llegaban en la más completa indigencia millares de ellas. Casi todas provenían del hambriento Levante (Murcia, Alicante, Valencia y Castellón) y de Aragón, no de Andalucía como comúnmente se piensa. Esta nueva hornada de trabajador@s fue conocida indiscriminada y despectivamente con el nombre de “ los murcianos ” (1).
El papel que los murcianos jugaron en el establecimiento del anarquismo en la ciudad industrial más importante del estado español refutó (mucho antes de la revolución rusa) la teoría marxista que consideraba a campesinos y artesanos como fases previas a una clase industrial que sería necesaria para conseguir una auténtica fuerza revolucionaria disciplinada, unida y organizada. Fue el continuo flujo migratorio de estos murcianos dentro de la economía catalana, flujo que provenía de una sociedad preindustrial, lo que reavivó el fervor revolucionario. Irónicamente el propio proceso de producción capitalista (que Marx recomendaba) aunque unificaba, disciplinaba y organizaba al proletariado industrial, también pervertía sus convicciones y su capacidad de lucha. Cuanto más alejado quedaba el proletariado de las formas de vida apartadas de la rutina industrial más aceptaban la rutina de la fábrica, y más se inclinaban a aceptar la jerarquía, la autoridad y la obediencia, asumiendo estos valores en sus propias organizaciones. Las gentes campesinas, arrancadas de una cultura y modo de vida precapitalista, tenían inculcados unos valores, códigos y gustos distintos a la frenética cultura urbana. Estos murcianos , sin nada que perder, al contacto con un creciente movimiento obrero, el pensamiento libertario, la visión de un mundo nuevo posible, acostumbrados a la ilegalidad, entusiastas y revoltosos, imprimieron tal energía a la atmósfera de Barcelona que en poco tiempo se convertiría en la ciudad más estimulante, indócil y revolucionaría de toda Europa, y con el correr de los años en uno de los mayores exponentes de aplicación real del ideario anarquista.

- Ascaso, Durruti y Jover en sus años de Anarquismo Expropiador
UNA FALSA Y MALÉVOLA ACUSACIÓN: LOS ANARQUISTAS COMO ATRACADORES E INCONTROLADOS
Hay algunos mitos en torno al movimiento libertario que sigue siendo oportuno revisar y que hasta ahora no han merecido casi ninguna atención para la histografía académica. Este olvido y/o desconocimiento del pasado continua relacionando negativamente al movimiento libertario con las acciones puntuales que, descontextualizadas de la época y la problemática en la que surgen, han buscado desprestigiarlo. Así al anarquismo del los años 20 se le asocia con el “pistolerismo”, como si estos grupos, no sin graves tensiones internas y acalorados debates, hubiesen surgido de la nada con el propósito de realizar una práctica fanática y fundamentalista destinada a sembrar el caos, eliminando muchos de los hechos que se produjeron con el crecimiento del movimiento obrero donde, por ejemplo, la patronal catalana había orquestado y llevado a la práctica la matanza de líderes sindicales, y se aplicaba la tristemente famosa ley de fugas (2). Este ejercicio de la acción directa frente a agresiones e imposiciones no se puede separar del enorme trabajo organizativo que cada federación local realizaba en busca de la transformación de la propia existencia personal y de la sociedad en que se vivía. La capacidad de esta autodefensa dio al movimiento anarquista una imagen de alternativa combativa que continua ría con la dictadura de Primo de Rivera en forma de presión contra los patronos que no se avenían a las protestas y reivindicaciones sindicalistas. El coraje y dignidad de estos hombres y mujeres convirtieron al movimiento libertario en una herramienta imprescindible para la construcción de una identidad colectiva en el proletariado y campesinado español.
Pero será durante la 2ª República cuando esta imagen desvalorizada y errónea del militante anarquista fue estimulada a gran escala por los grupos de la izquierda, y sus compañeros de viaje, utilizando los manidos argumentos de la derecha (3) en los que se identificaba a los libertarios como personas individualistas, incontroladas y analfabetas (obviando lo que más estimaban, el bien común, la autoorganización, el apoyo mutuo, la cultura y la educación), y asociándolos al uso de las armas, el pillaje, y la toma de la venganza por su mano (con el asesinato de sacerdotes, patronos o “gentes de bien”) (4).
Esta triple imagen de analfabeto, ladrón e incontrolado será ampliamente cultivada y difundida en España y el extranjero por las organizaciones que representaban a estos grupos (5), y fue motivada por la importancia que el movimiento libertario tomó tras parar el golpe del 18 de Julio, y la revolución social que impulsaron al día siguiente, logrando influir en amplias capas de la población, del campo y la ciudad, para constituir asociaciones espontáneas con las que formar los Comités de Control que organizaban la producción de las empresas, el transporte, la organización burocrática, etc…, y sobre todo las Patrullas de Control de la retaguardia, lo que fue, de facto, un contrapoder político y social alternativo al Estado.
Desarmar y someter a este amplio grueso de la población fue una obsesión constante de los partidos tradicionales (que querían evitar su influencia y la capacidad de oposición a las medidas que pudieran tomarse contra las conquistas sociales conseguidas) y el Partido Comunista, que entraba en escena (6) gracias a la ayuda condicionada que ofreció la URSS (el único país junto a México que prestó su apoyo, sobre todo militar, a la República). Moscú vió en los logros anarquistas un modelo de organización social alternativo opuesto a sus directrices, y un impedimento a su estrategia (7) de progresivo acaparamiento de los órganos de decisión política y militar de la nueva estructura surgida en la zona republicana tras el golpe.
El anarquismo español se había convertido en una fuerza en auge, un caso único en el mundo, un contrapoder que impedía el juego del poder reformista y un obstáculo para la toma del mismo por las “vanguardias” con sus comités ejecutivos, centralismos democráticos y dictaduras del (sobre el) proletariado. La reacción de marxistas y burgueses no se hizo esperar. Se iniciaría con sus descalificaciones en la prensa, sobre todo extranjera, y llegaría a tomar la forma de ataque directo (como en los hechos de mayo de 1937) (8).
Hasta el día de hoy es la imagen que se ha inculcado en la mayoría de la población (9). Aún no ha sido reconocida la gran aportación que el movimiento anarquista realizó a favor de la educación, el ocio y la autoestima de las clases trabajadoras españolas en los primeros treinta años del S. XX. El anarquismo sigue vinculado a los episodios de violencia rural o urbana, asociando figuras como la de Ferre y Guàrdia a la “ Semana Trágica ” (llamada así por la burguesía, Revolución de julio de 1909 para nosotr@s) y no a su labor en los centenares de escuelas racionalistas que surgían en pueblos y barrios obreros de toda España.
La historia oficial sigue más interesada en hablar de los líos de palacio, los votos en las elecciones, o las peores acciones de los incontrolados, que del universo cultural de las clases bajas, sus penurias cotidianas, en que invierten su tiempo de ocio, o por ejemplo, en el contexto de la guerra civil española, la viabilidad de las colectivizaciones y el sistema de producción planteado con la revolución del 19 de Julio
La existencia de este enorme universo cultural y organizativo del movimiento libertario en España puede comprobarse en el análisis de la bibliografía y las fuentes de la época. También puede contrastarse con las cada vez más escasas fuentes orales de los anarcosindicalistas. Pocas generaciones pueden igualarse al esfuerzo que desarrollaron los trabajadores españoles en los primeros 40 años del siglo XX, en el que después de agotadoras jornadas laborales se convertían en forjadores de historias, propagadores de sueños de emancipación y felicidad del género humano, creando con sus ahorros las revistas y folletos que redactaban, editaban y repartían en la fábrica, el campo y el taller. Sorprende cómo obreros autodidactas aprendían en sus pocas horas de ocio tantas materias y eran capaces de redactar tantos textos interesantes, adentrándose en el mundo del arte, la poesía, o el teatro social con el objetivo de hacer más accesible “la idea ”.
Sin la descripción y el análisis de la rica y variada historia que acompaña la trayectoria del anarcosindicalismo ibérico poco podremos entender la proyección que tuvo en la calle y en la vida pública de esos años, e incluso posteriormente, en la larga lucha de los resistentes libertarios al franquismo, dentro y fuera de las fronteras, lucha silenciada y excluida del relato histórico. La represión franquista contribuyó a ello, pero también el pacto de silencio de la transición y el desprecio ejercido por los afines al ideario marxista. Unos y otros no tienen ningún interés por esclarecer lo que de verdad encierra este largo periodo histórico y la actuación real de cada una de las partes, dejando el rico legado anarquista reducido, en los libros de texto, a las algaradas callejeras, la quema de iglesias y los nihilistas armados con bombas.
1.- Esta forma despectiva de dirigirse hacia ellos viene precedida del desprecio que en otros lugares como Madrid se tenían hacia las costumbres y el leguaje (vergonzosamente desacreditado y desgraciadamente olvidado en la segunda mitad del S. XX) de esta zona. Seguramente todavía es posible encontrar en algunos puentes de entrada a las localidades, construidos antes del S. XIX, la inscripción “ Prohibida la entrada a murcianos, gitanos y gente de mal vivir ”, quedando para la historia la real ordenanza de Carlos III donde se impedía el acceso al ejército y a portar la bandera española a estos grupos (curioso es que, un siglo después, fuera la necesidad del gobierno de reclutar a jóvenes para el ejercito uno de los argumentos que desencadenaron el movimiento cantonal). El aspecto peyorativo de lo murciano ya estaba en el contexto de una expresión muy anterior “ Mata al rey y vete a Murcia ”. Esta frase nació de un privilegio concedido al antiguo reino de Murcia en el S. XIII por sus fronteras con territorios árabes estratégicamente muy peligrosos y difíciles de defender sin dejar la vida ello, para el que resultaba totalmente imposible reclutar soldados voluntarios que quisieran protegerlas. La lucha intermitente en la frontera murciano-granadina era tan dura y arriesgada que el rey de Castilla tomó la decisión de buscar soldados entre quienes hubieran cometido delitos de robo o de sangre en otros reinos a cambio de protección y redención de las condenas, incluso las mayores, si se servía al rey en los castillos fronterizos, quedando así asociada la imagen de esta tierra con la de ladrones y asesinos.
2.- Donde se asesinaba impunemente a los prisioneros bajo la excusa del intentó de fuga.
3.- Que de por sí ya los utilizaban desde finales del S. XIX en Europa y América para desprestigiar a los libertarios.
4.- No vamos a entrar aquí en una enumeración detallada de todas las falsas acusaciones que se hicieron, pero hay que señalar que en numerosos casos, de estudios locales que se han hecho, los protagonistas tenían una dudosa o escasa simpatía hacia las organizaciones libertarias, y en muchas ocasiones pertenecían a otras organizaciones o no tenían vinculación con el sindicalismo organizado.
5.- Los partidos marxistas (organizados en torno a una URSS en plena paranoia stalinista), con una enorme red de influencia en el movimiento obrero de todos los países, y los partidos burgueses, entre los que se encontraban, claro está, los nacionalistas, los liberales y los republicanos españoles.
6.- Al inicio de la contienda, a pesar del apoyo que desde 1917 recibía del gobierno soviético, el PCE sólo contaba con unos pocos miles de afiliados.
7.- Estrategia que requería alargar la guerra y maniobrar hacia la “unidad de acción” hasta conseguir la unidad en torno a ellos.
8.- Maquinación urdida por Stalin y sus agentes, con el beneplácito de los partidos nacionalistas y la burguesía afiliada a la UGT, para eliminar a la CNT del gobierno y al P.O.U.M. de la esfera política, asaltando por sorpresa el edificio de la telefónica en Barcelona, en manos de la CNT desde Julio de 1936, lo que provocó la insurrección de la población y un conflicto armado dentro del propio bando republicano destinado a desprestigiarles.
9.- Por no tener más canales de información que los oficiales, por la marginación académica en la autentificación de los hechos, y por la falta de amplitud de miras de las investigaciones surgidas de los estudios del movimiento obrero.
Extraido de la revista NOSOTR@S nº 4. Abril 2008








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